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Los hombres que miraban fijamente a las cabras

The Men Who Stare at Goats
AÑO 2009
DURACIÓN 93 min.
DIRECTOR Grant Heslov
GUIÓN Peter Straughan (Libro: Jon Ronson)
MÚSICA Rolfe Kent
FOTOGRAFÍA Robert Elswit
REPARTO George Clooney, Ewan McGregor, Kevin Spacey, Jeff Bridges, Robert Patrick, Rebecca Mader, Stephen Lang, Stephen Root, Nick Offerman, Tim Griffin, Waleed F. Zuaiter

¿Cómo poder definir una película como The Men Who Stare at Goats? Si quisiéramos encasillarla en una comedia el resultado no es el esperado y sin duda el espectador terminará hastiado a la mitad del film. Si quisiéramos una cinta que nos provocara de alguna forma en busca de segundas lecturas, ésta no es la indicada, y es que The Men Who Stare at Goats se diluye a los pocos minutos de iniciada y solo nos mantiene expectantes esperando que algún elemento reunifique y de sentido o sinsentido a lo que estamos viendo.

Un excelente reparto y un interesante guión son completamente desaprovechados por Grant Heslov. Proyectos como The Men Who Stare at Goats necesitan de una mano aguda e irónica, como los hermanos Coen, que sepa alimentarnos de lo absurdo, pero que en ningún momento nos deje escapar a un happening insulso y sin sentido.

La película nos muestra la historia de un entrenamiento secreto de soldados estadounidenses capaces de enfrentar situaciones y al enemigo con solo el poder de la mente. Es el periodista Bob Wilton (McGregor) quien comienza a inmiscuirse en este misterioso programa apodado El ejercito de la Nueva Tierra, donde conocerá a Lyn Cassady (Clooney), un soldado que alguna vez perteneció al proyecto, destacando como uno de los mejor capacitados y que guiará a Wilton en una misión aparentemente sin sentido.

La constante manipulación a los Jedis (Star Wars) termina colmando la paciencia y es muy probable que a todo aquel que se interese por energías místicas o corporales solo encontrará en la cinta una serie de burlas de poco humor.
Resumiendo podría decirles que The Men Who Stare at Goats quedó como un muy buen proyecto, que contó con una excelente materia prima, pero que solo consigue aburrir al cabo de 15 minutos.

JEZABEL

año:1938
Director: William Wyler
Guión: Abem Finkel, Clements Ripley, John Huston (Obra: Owen Davis)
Música: Max Steiner
Fotografía: Ernest Haller (B&W)
Reparto: Bette Davis, Henry Fonda, George Brent, Margaret Lindsay, Donald Crisp, Fay Bainter, Richard Cromwell, Henry O'Neill, Spring Byington


Hablar de Jezabel es hablar de Betty Davis. La Reina de Hollywood, se come la pantalla a tal nivel, que hace olvidar el trabajo de Margaret Lindsay o de Fay Bainter, que se llevó uno de los oscars que obtuvo la película, como mejor actriz de reparto. La otra estatuilla sin lugar a dudas fue para la diva que representa en la cinta a la rebelde Julie Marsden, una joven que enfrenta las estrictas reglas morales de la sociedad sureña de los Estados Unidos a mediados del Silgo XIX, en medio de la sangrienta guerra de secesión.

La relación de Julie con Preston Dillard (Henry Fonda) no pasaba por su mejor momento. Una serie de desavenencias y discusiones entre ambos culminan con la rebelde idea de Julie de asistir al Gran Baile de Debutantes del Olympus, en que las mujeres solteras vestían de blanco, con un vestido rojo intenso. El efecto de aquel atrevimiento, fue el completo rechazo de los asistentes y el término de la relación por parte de Preston, que tras el quiebre, comenzó una nueva vida en el norte donde se aferró al pensamiento abolicionista. Luego de un año distanciado de su tierra decide volver y la pareja se vuelve a reunir, sin embargo él se ha casado y cierra toda posibilidad a Julie de reconstruir la relación. Sin embargo, ella recurrirá a todos sus recursos por volver a estar al lado de su gran amor.

El film nos lleva a recordar “Lo que el viento se llevó” (filmada dos años antes) y aunque no está a la altura de la joya del cine, presenta elementos muy interesantes como los contrastes entre los estados del norte y los estados sureños agrupados en la Confederación. Todo el tema de la esclavitud está presente a lo largo de toda la película y algunas tradiciones, especialmente machistas, que hoy en día serían escandalosas e incluso merecedoras de condena.

No puedo dejar pasar la especial belleza que luce por aquellos años Betty Davis y un par de escenas realmente inolvidables: El baile de Debutantes del Olympus, donde baila junto a Fonda un maravilloso vals, rodeados de las acusadoras miradas de los demás asistentes que incluso por momentos hicieron detener a la orquesta y una escena brillante -quizás la escena que le hizo merecedora de la estatuilla dorada- cuando Julie, luego de un año de espera, se entera que su amado ha vuelto casado con otra mujer. Sensacional!

La película es totalmente recomendable hoy en día. El desarrollo es cautivante y no flaquea en recursos, en el manejo de la cámara o el guión y menos en la actuación al mando de la Gran Betty Davis.

El desierto de los Tártaros

Dirección: Valerio Zurlini.
Países: Italia, Francia, Alemania.
Año:1976.
Duración: 140 min.
Interpretación: Vittorio Gassman, Giuliano Gemma, Helmut Griem, Philippe Noiret, Jacques Perrin, Francisco Rabal, Fernando Rey, Laurent Terzieff, Jean-Louis Trintignant, Max von Sydow.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía: Luciano Tovoli.


Hay pocas películas que últimamente me hayan llegado tanto en su lectura y tiempo como El Desierto de los Tártaros. Olvidada en el universo del celuloide, quizás por las sombras comerciales o por aquellas clásicas barreras al cine europeo, hacen de El Desierto de los Tártaros una experiencia inolvidable. Casi como abrir un olvidado baúl, que reúne baratijas e insignificancias antiguas, pero que hoy toma un valor de joya.

Con un clásico reparto europeo de lujo, más la inigualable batuta de Morricone, la película, que está basada en el libro homónimo escrito en 1940 por Dino Buzzati, nos recrea la aventura del teniente Giovanni Drogo en la lejana y surrealista fortaleza Bastiani. Reducto montañoso y desértico destinado a retener un posible ataque del ejército Tártaro, del cual se sabía poco y nada.
Tan solo el más longevo de los militares que habitaban Bastiani había vivido otrora el combate con el enemigo. Los demás llevan años preparándose para aquel momento, entrenando, observando, haciendo exhaustivas guardias e hipotetizando con las estrategias que deberían llevar a cabo en aquel momento.
Lo cierto es que en Bastiani no pasa nada y el teniente Drogo se da cuenta de ello, pero a pesar de intentar escapar de aquel estancamiento, cada día, con cada acción y como todos los demás, le pertenece con más fuerza a la fortaleza. Permanecerá por años.

Un relato Kafkiano y existencial. La eterna dicotomía entre la preparación y el perfeccionamiento para los futuros escenarios, que quizás nunca vendrán, como la larga espera de una araña para que algún insecto caiga en sus redes, versus el riesgo de romper los esquemas, apresurarse y encarar cuando el olfato ve más que la visión, con los riesgos que ello implica, que al igual que aquella araña que muere seca en la espera, puede traer el fracaso.

La Mancha Humana (The human stain)

Dirección: Robert Benton.
Países: USA y Alemania.
Año: 2003.
Duración: 106 min.
Interpretación: Anthony Hopkins (Coleman Silk), Nicole Kidman (Faunia Farely), Ed Harris (Lester Farely), Gary Sinise (Nathan Zuckerman), Wentworth Miller (Coleman joven), Jacinda Barrett (Steena Paulsson), Harry Lennix (Sr. Silk), Anna Deavere Smith (Sra. Silk), Clark Gregg (Nelson Primus), Lizan Mitchell (Ernestine).
Guión: Nicholas Meyer; basado en la novela de Philip Roth.
Producción: Tom Rosenberg, Gary Lucchesi y Scott Steindorff.
Música: Rachel Portman.
Fotografía: Jean-Yves Escoffier.
Montaje: Christopher Tellefsen.
Diseño de producción: David Gropman.
Dirección artística: Zoé Sakellaropoulo.
Vestuario: Rita Ryack.


Pocas veces he puesto atención al trabajo de casting en una producción cinematográfica. Sin embargo, a pocas horas de terminar de leer la novela de Philip Roth, se me ha hecho imposible el poner atención en los actores seleccionados para estos roles tan complicados que ha puesto en la mesa el libro: Un blanco que es de raza negra, que en su vejez es interpretado por Anthony Hopkins, una joven y ardiente granjera interpretada por Nicole Kidman, además de un escritor y un desquiciado veterano de Vietnam interpretado por los notables Gary Sinise y Ed Harris, respectivamente.

Kidman, a pesar de que cumple, se hace imposible (por su deslumbrante belleza) ubicarla como una mujer ruda, hedionda a rancho, de boca muy sucia y emocionalmente dañada por su dolorosa experiencia de vida. Aún más imaginación se necesita para creer que Hopkins es afroamericano, aunque para ser justos, ese desafío lo plasma Roth en su novela.

Sumando y restando la pelicula cumple. Todo gracias a la inspiración en la novela, que plasma en forma magistral una transversal decadencia, intolerancia e incomprensión de la sociedad estadounidense.

Coleman Silk, es un veterano profesor que ha construido su vida sobre el engaño, un tipo que a uno le es difícil de encasillar. Víctima de las exigencias sociales y de sus propios errores, se enrola en una relación escandalosa por la diferencia de edad …y condición social… con Faunia. La pareja es apuntada con el dedo y para colmo perseguida por el ex de Faunia, un veterano de Vietnam tan tocado como Rambo.

Las acciones no son muchas, por el contrario, las reflexiones llueven.

Panic in the Streets

TITULO ORIGINAL:Panic in the Streets
AÑO:1950
DURACIÓN:93 min.
PAÍS: EEUU
DIRECTOR:Elia Kazan
GUIÓN:Richard Murphy (Argumento: Edna Anhalt & Edward Anhalt)
MÚSICA: Alfred Newman
FOTOGRAFÍA:Joseph MacDonald (B&W)
REPARTO:Richard Widmark, Paul Douglas, Jack Palance, Barbara Bel Gedes, Zero Mostel, Alexis Minoti
PRODUCTORA:20th Century Fox


De haber sabido que Panic in the Streets estaba dirigido ante el ojo delator de Elia Kazan, probablemente no habría puesto play, pero la película ya estaba en mis manos y no podía rechazarme a la oferta de ver a Jack Palance y Richard Widmark dentro de la pantalla. Dos tipos duros, que atravesaron el siglo xx inmortalizando en el celuloide a intratables bandidos, pistoleros del oeste e incluso, más recientemente a abuelos de pasado “oscuro”.

Panic in the Streets adquiere un notable ritmo narrativo, que hace crecer minuto a minuto la tensión y el suspenso de un desenlace incierto. Su argumento, que fue reconocido en su momento con un Oscar de la Academia , incluso hoy, a casi sesenta años de su estreno, sorprende por su originalidad y hacen de Panic in the Streets una película accesible para todo amante del cine.
La cinta está ambientada en el bajo pueblo de New Orleans de los años cincuentas. Restaurantes de mala muerte, cantinas atestadas de marineros, estaciones ferroviarias e inmundos cités “empapelan” una clásica persecución policial. Salvo por el sabroso ingrediente de la peste negra.

Blackie(Palance) y sus compinches matan a un miserable polizón, por abandonar el poker luego de ganar mucho dinero. El cadáver es analizado por el tanatologo que descubre la peste. De inmediato el Doctor Clint Reed(Widmark) del Servicio de Salud Pública y el capitán de policía Tom Warren, interpretado notablemente por el gran Paul Douglas, salen en busca de todo aquel que haya tenido contacto con el enfermo. Poco a poco, la emergencia sanitaria toma ribetes policiales y nuestros “jovencitos” toman el oscuro sendero que les llevará a la banda de Blackie.

No puedo dejar esta nota sin destacar la gran actuación de Jack Palance. Es sin duda el malo más MALO del cine de todos los tiempos. Papeles que él denominaba como “pura basura”. Ese rostro calavérico e irónico probablemente le dio problemas con las mujeres, pero no en el cine. Un Monstruo!

Primavera, verano, otoño, invierno...y primavera

Dirección y guión: Kim Ki-duk.
Países: Corea del Sur y Alemania.
Año: 2003.
Duración: 103 min.
Género: Drama.
Interpretación: Oh Young-soo (Monje viejo), Kim Jong-ho (Niño monje), Seo Jae-kyung (Chico monje), Kim Young-min (Joven monje), Kim Ki-duk (Monje adulto), Ha Yeo-jin (Chica), Kim Jung-young (Madre de la chica), Ji Dae-Han (Detective Ji), Choi Min (Choi).
Producción: Lee Seung-jae y Karl Baumgartner.
Música: Bark Jee-woong.
Fotografía: Baek Dong-hyun.
Montaje: Kim Ki-duk.
Dirección artística: Oh Sang-man.
Vestuario: Kim Min-hee.
Estreno en Corea del Sur: 19 Septiembre 2003.
Estreno en España: 10 Septiembre 2004.

Difícil es, tener plena conciencia, que no solo habitamos la naturaleza, sino que somos parte de ella. De un cosmos que obedece las grandes leyes de la vida y la muerte, del día y la noche, de la primavera, el verano, otoño, invierno y el continuo renacer del nuevo ciclo. Es la propuesta de esta maravillosa cinta de Kim Ki-Duk que nos presenta la relación de un maestro y su aprendiz a lo largo de cuatro significativos capítulos en sus vidas, representados en las estaciones de la naturaleza.

El error, el castigo, el dolor y el placer los encontramos como la huella natural de un camino de vida, como eslabones de una cadena de aprendizaje empírico, que incluso afecta la formación de un maestro budista.

La infantil travesura de amarrar piedritas a un pez, a una rana y a una serpiente por parte del pequeño Kim, es sancionada por el maestro de la misma manera. El pequeño tendrá que liberar de sus ataduras a los pequeños habitantes del bosque, arrastrando por si mismo, una pesada piedra que el maestro amarró en su espalda. Junto con el castigo, el maestro le asegura que si cualquiera de las criaturas muere "él llevará la piedra en su corazón para el resto de su vida".
Aquella dolorosa lección marcará la vida de Kim, quien no solo arrastrará una piedra en su corazón por aquella travesura, sino también por errores futuros mucho más graves.

Cuántas veces hemos cometido un error, grande o pequeño y hemos buscado el castigo, como imperiosa necesidad de ser sanados de aquella mala acción, dejando en los demás aquella tarea de limpieza espiritual. ¿Cuántas piedras arrastramos en nuestro corazón? Quizás muchas de ellas recibieron un castigo, un repudio o el perdón, pero éste no solo lo debemos a quienes hemos dañado, sino también a nosotros mismos y es aquella sincera acción, la que abre las puertas al verdadero aprendizaje.

Duel (El diablo sobre ruedas)

País: USA.
TITULO ORIGINAL:Duel (TV)
AÑO:1971
DURACIÓN:91 min.
DIRECTOR:Steven Spielberg
GUIÓN:Richard Matheson
MÚSICA:Billy Goldenberg
FOTOGRAFÍA:Jack Marta

REPARTO:Dennis Weaver, Tim Herbert, Lou Frizzell, Jacqueline Scott, Eddie Firestone, Lucille Benson, Gene Dynarski
PRODUCTORA:Universal Pictures

Esta es de aquellas películas que recuerdo en cine de trasnoche, cortada por millones de minutos de publicidad ochentera, que no consiguieron descuartizar una obra maestra. Recordarla no era difícil, no se puede buscar más argumento que el de un tipo perseguido por un camión asesino en medio del desierto californiano. Pues bien, resulta ser “Duel” o “El diablo sobre ruedas” para el habla hispana y aunque nunca me han gustado estas traducciones, que muchas veces resultan ser patéticas, en este caso se ajusta como anillo al dedo al film.
La cinta realizada como telefilme para la ABC, es una de las primeras producciones de Steven Spielberg y una de las más valoradas. De inmediato quedan plasmados los condimentos que el director estadounidense utilizaría en su carrera y que, en cierto modo, dir
igiría el cine durante las siguientes décadas.


No es mucho lo que se puede decir de esta película. David Mann (Dennis Weaver) viaja en una de aquellas carreteras olvidadas en medio del desierto californiano, rodeado de cerros con espinos, bolitas de paja, viejos postes de luz, mucho calor y detras de un toxico camión que comienza a amedrentar su tranquilo viaje.
No hay explicación para aquella obsesión asesina, tam
poco muchos medios para librarse en la mitad del desierto, de un astuto psicópata. Sin ayuda, sin contacto con el exterior, Mann tendrá que luchar con sus propios medios para poder librarse de un verdadero monstruo al volante de un oxidado camión.

Cuenta el mito, que Richard Matheson (autor del relato que inspiró la película) junto a un amigo, fueron acosados por un loco camionero en la mitad del desierto, lo que le inspiró a escribir el guion de Duel. La cinta fue presentada originalmente para la televisión con una duración de 71 minutos, pero debido a su éxito, Spielberg debió grabar nuevas escenas para poder llevarla a las salas de cine.


Sin duda cuando la vean, dirán “hey! De aquí sacó Tiburón…y de acá Encuentros en la tercera fase”, pues así es, incluso muchos directores usaron en el futuro a Duel como molde para sus producciones. Una verdadera joyita, al igual que el camión oxidado que un friki de St Louis lo compró, lo conserva y fotografía en mitad del desierto, quizás, en busca de su próxima victima.
He aqui:

Sleuth (La Huella) 2007


Dirección: Kenneth Branagh.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 86 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Michael Caine (Andrew Wyke), Jude Law (Milo Tindle).
Guión: Harold Pinter; adaptación de la obra de Anthony Shaffer.
Producción: Jude Law, Simon Halfon, Tom Sternberg, Marion Pilowsky, Kenneth Branagh y Simon Moseley.
Música: Patrick Doyle.
Fotografía: Haris Zambarloukos.
Montaje: Neil Farrell.
Diseño de producción: Tim Harvey.


“El camino más corto al corazón de un hombre, es la humillación.” Así justifica Andrew Wyke(Michael Caine) el macabro juego que lo enfrenta al joven Milo Tindle(Jude Law). Un enfrentamiento escasamente armado, de innecesaria fuerza física, centrado en un reto sicológico de la más aguda estrategia mental.
Wyke es un millonario y afamado director de novelas policiales, que decide invitar cordialmente al amante de su esposa, el joven Milo Tindle, a su lujosa mansión. La inglesa cortesía no logra tapar el indeseable contacto entre ambos, que en cada frase, cada pensamiento buscan humillar o desacreditar al otro. Tindle, un desempleado actor intenta conseguir a toda costa que el esposo de su amante le entregue el divorcio y despeje el camino para su enamorada aventura, sin embargo Wyke le hace ver quien realmente se puede convertir en su futura esposa. Una mujer refinada, amante del lujo, gustosa de vestir los más costosos vestidos y joyas, algo que un joven como Tindle está incapacitado de ofrecer. Sin embargo, el millonario escritor le ofrece participar de un robo. Sacar desde su mansión unas valiosas joyas, cobrarlas en el extranjero y así ambos ganar del acuerdo: Tindle obtendrá el dinero para su empresa amorosa y Wyke cobrará el seguro del falso robo.
La cinta es un remake del film homónimo dirigido por Joseph L. Mankiewicz en 1972. Un verdadero clásico defendido a ultranza por los amantes del cine ante esta nueva versión. Un remake siempre va a aportar a la historia, refrescando las cintas primerizas o igualando, e incluso mejorando su representación. En el caso de Sleuth, ha servido para desempolvar una cinta magistral que enfrenta al destacadísimo Sir Laurence Olivier y al por entonces joven Michael Caine interpretando el papel de Milo Tindle.
Pero Sleuth 2007 tiene mucho que decir, mucho que aportar. Con la colaboración de Harold Pinter, se actualizan los diálogos, que en definitiva es el verdadero protagonista de la obra. Cada palabra, cada frase desenmascaran las similitudes y diferencias de ambos personajes. La diferencia de clases, denotada en las experiencias expuestas, las raíces familiares y la educación que cada uno carga. Por un lado un millonario rebosado de lujos, inserto en su propio mundo narcisista que le brinda en placeres, pero le distancia en humanidad, en compañía. Por otro lado un joven inocente, genio por momentos, hijo de emigrantes de difícil vida y pasar, se ve constantemente tentado por el placer y el dinero, buscando en éste la solución a sus problemas y el paso a la felicidad. Creencia errada, que sin darse cuenta, se desmorona con solo tener frente a sus ojos a su perspicaz antagonista.

El Séptimo Sello (Det sjunde inseglet)

Dirección: Ingmar Bergman.
País: Suecia.
Año: 1957.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Interpretación: Max von Sydow, Gunnar Björnstrand, Nils Poppe, Bibi Andersson, Bengt Ekerot, Gunnel Lindblom, Maud Hansson, Ake Fridell
Adler,Irving Block.
Producción: Svensk Filmindustri.
Música: Erik Nordgren.



Muchos guardan verdadera devoción a esta cinta. Ingmar Bergman a la cabeza. Pertenece a las 45 películas que todo buen cristiano debe ver s
egún el Vaticano.Contiene una de las escenas más impresionantes del celuloide: La Muerte jugando ajedrez con el protagonista en una desolada playa sueca. Muchos la ven y la vuelven a ver encontrado las nuevas lecturas que el descuido había hecho presa y efectivamente, una vez vista, el Séptimo Sello resulta encantadora e inquietante.

Llena de alegorías y sublecturas la película se ambienta en el ocaso de las Cruzadas, cuando los caballeros volvían a sus respectivos castillos, luego de haber vivido las mil y una aventuras producto de sus desbocadas empresas semi religiosas. Uno de ellos Antonius Block(Max Von Sydow) y su escudero (Gunnar Björnstrand) regresan heridos de aquellas lejanas tierras a su natal Suecia. Más que físicamente, aquellos guerreros vuelven heridos en su espíritu, decepcionados de aquel romanticismo ingenuo que los llevó a batallar y curtidos del dolor, el horror y la desesperanza. Es por ello que Antonius, al ver llegar la muerte, la recibe sin lamentos, valiente y seguro de poder ganarle una partida de ajedrez. El precio: su vida.

Antonius solo juega para alargar lo inevitable, pero es justamente en aquel tiempo en que busca encontrar de boca de la muerte aquellas preguntas existenciales que todo ser humano algún día se ha de plantear. Nuestra razón de vivir, que hay más allá de la vida y si Dios realmente existe.
Aquellas preguntas cada minuto atormentan más al desgastado caballero, que deambula con su escudero por una tierra azotada por la peste bubónica. Sus escalas sirven para continuar la mortal partida de ajedrez y seguir acrecentando las dudas y tormentos de Antonius. Por el contrario, su escudero es su verdadera antítesis. Un hombre completamente terrenal, que vive el día a día y aunque sabe que la muerte anda cerca, tan solo espera que llegue lo que tenga que llegar.

Bergman nos presenta la muerte como algo misterioso e inevitable. Que puede presentarse mágicamente jugando ajedrez o burdamente como cortando el tronco de un árbol para echar abajo un “licencioso” juglar. Es la muerte terrenal. Una muerte negra y fría que es más humana que divina. No sabe, o no entrega las respuestas que anhelamos, tan solo nos recuerda que nuestro paso por aquí tiene un final.

Una de las más bellas y bien logradas escenas de la cinta, es el baile de la muerte. Por una colina lleva consigo a nobles y plebeyos, viejos y niños, hombres y mujeres. Sin distinciones, sin ninguno de sus bienes, y sin las respuesta a aquellas preguntas elementales, danzando por la colina hacia lo desconocido.

Forbidden Planet (El planeta prohibido)

Dirección: Fred McLeod Wilcox.
País: USA.
Año: 1956.
Duración: 106 min.
Género: Ciencia Ficción.
Interpretación: Anne Francis, Leslie Nielsen, Walter Pidgeon y Warren Stevens.
Guión: Cyril Hume,Allen
Adler,Irving Block.
Producción: Nicholas Nayfack.
Música: Louis y Bebe Barron.



Mientras retrocedimos en el tiempo de la ciencia ficción, podemos llegar al año 1956 y encontrar un verdadero Big Bang cinematográfico. Forbidden Planet es una auténtica joya del cine y un efectivo molde para muchísimas producciones como Viaje a las Estrellas (Star Trek), La dimensión desconocida (The Twilight Zone), perdidos en el espacio (Lost in Space) e incluso la actual y exitosa serie de televisión Perdidos (Lost).

La cinta desde el primer momento engancha gracias a sus cuidados efectos especiales, su música “espacial” y un jovencito Leslie Nielsen a casi cuarenta años de su racha de burdas comedias “Y donde está el policía?”.La cinta se inscribe en una moda cinematográfica de los cincuentas donde predominaban los ovnis, viajes espaciales, mundos lejanos, insectos y plantas mutantes y un sinfín de escenarios resultantes del buen y mal uso de la ciencia. Algo ciertamente comprensible, ya que estaban a pocos años de las dos bombas atómicas, y en medio de los primeros satélites y sondas interplanetarias. Sin embargo, Forbidden Planet, se despega de aquellas cintas “mata marcianos” gracias a un buen y cuidado trabajo. Los efectos espaciales resultan muy aceptables, gracias a los dibujantes de Disney que apoyaron en la producción, en especial el fabuloso aterrizaje de la nave C57D en las arenas de Altair IV y el paseo de Morbius y Adams por las instalaciones Krell.

El argumento se sostiene bien gracias a su inspiración en La Tempestad de William Shakespeare. Un equipo militar llega a Altair IV bajo las ordenes de rescatar un asentamiento humano enviado hace ya largos años, sin embargo, se encuentran con los dos últimos sobrevivientes, el doctor Morbius y su hija que se rehúsan a abandonar el planeta ya que han encontrado las ruinas de una antigua civilización llamada Krell. Estas ruinas altamente avanzadas en tecnología entregan grandes comodidades al científico y su hija y una ventana a límites insospechados en el conocimiento de la mente. Los cuales investiga a diario.
Obviamente al enterarse el comandante de la tripulación de aquellos avances distantes e insospechados para la humanidad, decide informar a la Tierra lo que desata el conflicto científico-militar muy en boga por aquellos años. La utilización de la ciencia por el bien de la humanidad o para la creación de armas cada día más avanzadas y mortales.

Así como en la obra de Shakespeare, donde Prospero renuncia a sus avanzados conocimientos de magia, que solo le han traído sufrimiento, para reincorporarse a la civilización. Morbius y el comandante Adams renuncian al tesoro arqueológico de los Krell, de un potencial infinito en conocimientos científicos, pero al más alto costo para la humanidad y es justamente éste el mensaje final de la cinta. Un mensaje de alerta ante el vertiginoso reclutamiento de conocimientos y tecnologías que día a día, década tras década, como la espada de Damocles, cuelga sobre nuestras cabezas.

In a Lonely place



Dirección: Nicholas Ray.
País: USA.
Año: 1950.
Duración: 94 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: Humphrey Bogart (Dixon Steele), Gloria Grahame (Laurel Gray), Frank Lovejoy (Det. Sgt. Brub Nicolai), Carl Benton Reid (Capt. Lochner), Art Smith (Agent Mel Lippman), Jeff Donnell (Sylvia Nicolai), Martha Stewart (Mildred Atkinson).
Guión: Andrew Solt.
Producción: Robert Lord.
Música: George Antheil.


Un guión, una historia, un libro e incluso, en algunas escazas ocasiones un actor, dan vida y cuerpo a una película. Es el caso de In a lonely place, hecha cual sastre ingles a la medida de Humphrey Bogart. Un piano, alcohol y muchos cigarrillos acompañan el desganado rostro del actor que interpreta al guionista Dixon Steele. Un hombre duro, insolente, despreocupado, el clásico duro post segunda guerra que tanto gustó a Hollywood para sus “jovencitos” y que encontró en Bogart un excelente representante más allá de sus papeles.
La cinta comienza con una escena de gran valor. Bogart conduciendo en la noche neoyorkina de los cincuentas, oscura, apenas iluminada por algunos neones y faroles de poco alcance. Tomas en movimiento, sin el recurso del telón, muy utilizado en aquellos años, brindan una interesante obertura al film.
Luego se nos presenta la historia en sí. El duro de Steele, cansado de una larga jornada de jerga, paga a una desconocida muchacha para que le acompañe a su hogar y le cuente en sus propias palabras un libro que él debía pasar a guión. Le cuenta la historia, unas copas y la joven abandona la casa de Steele para regresar a su hogar. Sin embargo, pocas horas más tarde es encontrada muerta no muy lejos de ahí. Inmediatamente la policía lo ubica como el principal sospechoso del crimen. Todas las pruebas apuntan a que él es el asesino, sin embargo, Laurel Grey, una hermosa vecina interpretada por Gloria Grahame, entrega importantes antecedentes que inculpan parcialmente al guionista.
La actitud avasalladora y su incontrolable mal humor siembran la duda sobre Steele, incluso su vecina Laurel, con quien nace un romance, mantendrá una inagotable duda sobre su participación en el crimen.
La cinta dirigida por Nicholas Ray mantiene una mediana tensión, que se ve agudizada por el descontrolado mal humor de Steele. En ella encontramos claramente reflejos de aquellos años sumamente machistas, de comportamientos y actitudes que escasean hoy en día y que se nos presentan claramente al ver In a lonely place con los ojos de hoy.

No Country for Old Men

Dirección: Ethan Coen y Joel Coen.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 122 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: Josh Brolin (Llewelyn Moss), Tommy Lee Jones (sheriff Bell), Javier Bardem (Anton Chigurh), Woody Harrelson (Wells), Garrett Dillahunt (Wendell), Kelly Macdonald (Carla Jean), Tess Harper (Loretta Bell).
Guión: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela de Cormac McCarthy.
Producción: Joel Coen, Ethan Coen y Scott Rudin.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Roderick Jaynes.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Mary Zophres.


Ya era el momento de recibir la energía necesaria para comentar un nuevo film y ésta me la ha entregado la espectacular No country for old men. Es una adaptación del libro homónimo de Cormack McCarthy que nos inserta en la acalorada frontera entre México y los Estados Unidos.
Desde un comienzo nos vemos ligados al desafortunado destino de Llewelyn Moss (Josh Brolin), que tras descubrir, en mitad del desierto, un maletín lleno de los más gruesos billetes, producto de un fallido intercambio de drogas, debe huir de los mafiosos y de Anton Chigurh, un escalofriante psicópata interpretado magistralmente por el español Javier Bardem.
Como es de esperar, un maletín errabundo con dos millones de dólares en su interior, solo trae consigo un reguero de sangre descontrolado, que el sheriff Bell (Tommy Lee Jones) no podrá controlar. No solo por la sagacidad de los delincuentes, sino por la creciente indolencia del sheriff ante los hechos y la investigación.
La cinta poco a poco va abriéndonos un canal de lectura subterráneo a la persecución de Llewelyn Moss. Así como una columna vertebral que sostiene la película, encontramos inesperadamente un choque generacional. El conflicto que cada generación enfrenta ante la siguiente o subsiguiente que, como se refleja en la cinta desde su titulo (No es país para viejos), está destinada a perder.
Al conflicto nadie está inmune, no hay forma de escapar cualquiera sea el lugar donde viva u oficio el que ejerza. Sin embargo si en vez de mirar adelante damos la palabra a los mayores, ellos nos dirán “pues, bienvenido”.
Los hermanos Cohen han regresado en gloria y majestad con No Country for Old Men. Un film lleno de suspenso, interesantes diálogos, unas gotas de humor negro y el mas escalofriante psicópata del último tiempo.

First Blood

FIRST BLOOD

Dirección: Ted Kotcheff.
País: EEUU.
Año: 1982.
Duración: 97 min.
Interpretación: Sylvester Stallone, Michael Kozoll, William Sackheim.
Música: Jerry Goldsmith.
Fotografía: Andrew Laszlo.



Muy enmarcada en el bronce se encuentra el dicho que las segundas partes nunca son buenas, menos las terceras y así inversamente proporcionales. Quizás uno de los mayores ejemplos que existen en el cine es justamente First Blood, conocida como Acorralado o simplemente Rambo. La película de Ted Kotcheff filmada en 1982, nos muestra las profundas heridas psicológicas, corporales y sociales que afectan de por vida a los veteranos de guerra, en este caso a John Rambo (Sylvester Stallone). Tras recibir la noticia de la muerte de su amigo, por los efectos de la guerra, decide caminar sin rumbo aparente, por lo que es abusivamente detenido. La policía se ensaña con él. Vejaciones al nivel de tortura, de las cuales Rambo conoció muy bien en Vietnam.
Como consecuencia del abuso policial, Rambo desata toda su ira y comienza su infatigable venganza, la que recae no solo en los uniformados, sino contra toda la comunidad, que ha juicio del protagonista, no le ha reconocido su desempeño en la guerra.
El personaje no exige mucho, por lo que no sentiremos la precariedad actoral de Stallone, que se verá rodeado de dos grandes actores. Brian Dennehy, en su inolvidable papel de alguacil y Richard Crenna, como el coronel Truman.
La película no ahorra en explosiones, balazos y todo tipo de acción bélica, sin embargo bajo una trama sólida y contagiosa.
Por eso es lamentable ver como se fue degradando la historia de Rambo, gracias a los dineros de la Guerra Fría, que debido al éxito de First Blood usaron al personaje en el cine propagandístico. Rambo II (peor película de 1985 en los premios Razzie) y Rambo III donde une sus fuerzas junto a los Talibanes (si, Rambo y Osama Bin Laden unidos) son sensibles victimas cinematográficas de la Guerra Fría.
Estamos ad portas de recibir la cuarta parte de la historia de este infatigable veterano. Con un Stallone decaído por los años y sobre inflamado en musculatura. Es de esperar que la cinta vuelva a los orígenes de la historia, aunque muchos apuestan a su derrota antes de su estreno.

Persona

PERSONA

Dirección, guión y producción: Ingmar Bergman.
País: Suecia.
Año: 1966.
Duración: 85 min.
Interpretación: Bibi Andersson (Alma), Liv Ullmann (Elisabeth Vogler), Margaretha Krook (doctor), Gunnar Björnstrand (Sr. Vogler).
Música: Lars Johan Werle.
Fotografía: Sven Nykvist.
Montaje: Ulla Ryghe.
Diseño de producción: Bibi Lindström.
Vestuario: Mago.




Nada mejor que relanzar este blog con una de las obras cumbres del cine mundial: Persona, de Ingmar Bergman filmada el año 1966, pero tan vigente, efectiva e inquietante resulta verla hoy día y quizás lo sea siempre.
Elisabeth (Liv Ullmann), es una conocida actriz teatral que durante una representación de Electra se queda sin habla. Ingresada en un hospital, aunque no sufre ningún tipo de enfermedad continúa sin pronunciar sonido alguno. Para sacarla de su mutismo, se traslada junto con Alma (Bibi Andersson), su enfermera a una idílica casita de verano.
Allí se establecerá una relación entre ellas que se convertirá casi en simbiosis. Alma sustituye el silencio de Elisabeth con sus propios relatos, en los que confesará sus más íntimos secretos a la actriz.

Por momentos creemos caer en la inversión de los roles, sin embargo Bergman nos recuerda por medio de las secuencias de una cinta de cine, el recalentamiento del celuloide y el desenfoque, que estamos ante una película, que lo que vemos no es real, que no es más que una representación como tantas que llevó a cabo sobre las tablas Elisabeth antes de su interminable mutismo.El temor al silencio, a la introspección, se apodera de Alma. Su búsqueda desesperada por llenar los espacios, por ocultar sus perturbadores recuerdos y esquivar su incierto futuro, comienzan a desequilibrarla, por el contrario, Elisabeth se nos presenta sólida en su silencio, casi triunfante ante una convicción inentendible.
Por naturaleza nos enfrentamos a los roles cotidianos bajo un status socialmente establecido. Independiente de las condiciones externas a un hospital, la enfermera mantiene un rango de dominio por sobre el paciente, lo que se ve destruido por el silencio de Elisabeth, que incluso logra desnudar lo más profundo de Alma.

El teatro, la fotografía, el cine, LA COMUNICACIÓN, tiembla ante la firme postura que impone Bergman en la cinta. No queda claro (seguramente de forma consciente) el límite entre los delirios, sueños y pesadillas, frente a la realidad. Para la cinta, ambos estados son válidos y Bergman no los discrimina en técnica, color o cualquier otro recurso cinematográfico, como diciéndonos que todo ello forma parte de un todo, de una persona.

Solaris 2002


Esta película dista mucho de las calamidades que vengo comentando.
Pocas veces en la historia del cine, un remake cumple su labor eficientemente como Solaris 2002. La película no deja en el olvido la obra maestra de 1972 dirigida por Andrei Tarkovsky, mas bien la refresca, gracias a que la dirección de Steven Soderbergh en esta nueva version, y al igual que la de Tarkovsky, incorpora nuevos elementos a la historia original del escritor polaco Stanislaw Lem.
Los misterios de la materia en los confines del espacio de una base espacial, dan como resultado la más extrema de las vivencias emocionales de cada uno de los tripulantes de la estación Prometheus.
La pelicula puede tener tantas interpretaciones como espectadores tenga, sin embargo fuera de los efectos especiales (que se agradecen en esta nueva versión) la película se centra en la historia de amor entre Chris Kelvin (George Clooney) y Rheya Kelvin(Natascha McElhone) que en su encuentro pierde toda lógica del estado y tiempo como lo concebimos y nos lleva lentamente a los límites del misterio y la emoción.
Esta no es una película fácil de comprender y menos hecha para un público que consume habitualmente cine comercial, es más bien un drama psicológico concebido para la introspección del individuo, en concreto de sus personajes principales.
El homenaje, tras 30 años del film soviético, no ha demerecido aquella obra maestra del cine. Solaris del 2002 entrega todo aquello que la tecnología y la censura incomodó, en aquellos años, el buen desarrollo de esta reflección sobre la vida, la muerte y el amor.

Dirección: Steven Soderbergh.
Intérpretes: George Clooney, Natascha McElhone, Viola Davis, Jeremy Davies y Ulrich Tukur.
Guión: Steven Soderbergh, basada en la novela de Stanislaw Lem.
Música: Cliff Martinez .
Duración: 99 minutos.
Estados Unidos, 2002

Fuga


3 obligaciones engañosas trae Fuga, película chilena recientemente estrenada que ha provocado una "guerra" entre quienes la aman y quienes la odian. Las tres obligaciones engañosas resultan odiosas debido al enorme bombardeo publicitario: Primero se ha dicho que esta película marca un antes y un después en el cine chileno, lo que considero un poncho tremendamente grande para la cinta. Se ha dicho además que si uno no se sensibiliza con la profundidad de la película no estuvo a la altura de sus altos contenidos, lo que considero una sucia amenaza hacia el espectador, todo esto debido a que "Fuga" según sus mismos creadores es una verdadera obra maestra.
Las buenas películas son buenas por si solas y no necesitan de la farándula, la millonaria campaña publicitaria y la intromisión en los medios de comunicación.

Se puede destacar el buen trabajo de fotografía y sonido, aunque estos no logran vestir bien un mal guión y la pobre dirección de Larraín.

Los cursos de cello y piano de Francisca Imboden, de dirección orquestal de Benjamín Vicuña y el arte de afinar pianos por parte de José Soza, no sirven de nada ante un paupérrimo trabajo actoral.

Alfredo Castro salva unos cuantos minutos gracias a su gran categoria de actor. Se nota un excelente trabajo de personificación y destaca notablemente dentro del lamentable mar de malas actuaciones.
La ministra de cultura Paulina Urrutia y su cuarteto de músicos caen en unas discusiones tan mal actuadas, que bordean lo ridículo, especialmente en el magro y evidente desenlace.
No me gustan las películas demasiado obvias, prefiero dejar cosas abiertas y que cada uno saque sus conclusiones, dice el director Pablo Larraín. Pues Fuga es justamente una de las películas más obvias del cine chileno, no hay que ver mas de 30 minutos para saber en que va a terminar la cursi historia.
Sin tanto anuncio y una chispa de modestia, es probable que Fuga haya sido acogida de mejor manera, como un buen experimento de un novato director.
No es una obra maestra, está lejos de serlo y no marca un antes ni un después en el cine chileno, salvo la gigantesca campaña publicitaria nunca antes vista.
Por último, si usted vio Fuga y no ha visto Shine (claro oscuro), vea esta última antes de comentar la cinta nacional.

Saturno 3


hay películas tan malas en el mundo del celuloide, que se hacen atractivas por dos razones: primero, ¿Cómo se llegó a hacer algo tan malo que resulta difícil de alcanzar? y segundo, ¿Cómo los actores de la película, los técnicos o los de vestuario no paran la chacota? sabiendo que sus nombres quedarán inscritos para siempre en los créditos.
Uno de estos casos es Saturno 3, que está tan mal hecha que se produce el efecto inverso: dan ganas de verla.
De uno de los grandes directores del cine estadounidense, Stanley Donen, que quizás por su avanzada edad, no calzaba ni le interesaba la ciencia ficción post Star Wars como buscaba ser la malograda cinta Saturno 3.Un film que borda la estupidez y tomadura de pelo al espectador en toda regla. Con un guión absurdo y copiando detalles de otras películas de ciencia-ficción como ejemplo nos vale citar 2001 Una odisea en el espacio. Sus interpretes están francamente ridículos en la película y ni si quiera dan un interpretación decente sino más bien lamentable; y eso que cuenta con dos grandes actores como son Harvey Keitel y Kirk Douglas. En el aspecto técnico es simplemente desastroso con sólo decir que la sangre que aparece en el film se nota que no es sangre a primera vista.
Todos estos aspectos ya hacen del film un atractivo momento para mascar sin pecar, papas fritas, cabritas o cualquier cosa.