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La Mancha Humana (The human stain)

Dirección: Robert Benton.
Países: USA y Alemania.
Año: 2003.
Duración: 106 min.
Interpretación: Anthony Hopkins (Coleman Silk), Nicole Kidman (Faunia Farely), Ed Harris (Lester Farely), Gary Sinise (Nathan Zuckerman), Wentworth Miller (Coleman joven), Jacinda Barrett (Steena Paulsson), Harry Lennix (Sr. Silk), Anna Deavere Smith (Sra. Silk), Clark Gregg (Nelson Primus), Lizan Mitchell (Ernestine).
Guión: Nicholas Meyer; basado en la novela de Philip Roth.
Producción: Tom Rosenberg, Gary Lucchesi y Scott Steindorff.
Música: Rachel Portman.
Fotografía: Jean-Yves Escoffier.
Montaje: Christopher Tellefsen.
Diseño de producción: David Gropman.
Dirección artística: Zoé Sakellaropoulo.
Vestuario: Rita Ryack.


Pocas veces he puesto atención al trabajo de casting en una producción cinematográfica. Sin embargo, a pocas horas de terminar de leer la novela de Philip Roth, se me ha hecho imposible el poner atención en los actores seleccionados para estos roles tan complicados que ha puesto en la mesa el libro: Un blanco que es de raza negra, que en su vejez es interpretado por Anthony Hopkins, una joven y ardiente granjera interpretada por Nicole Kidman, además de un escritor y un desquiciado veterano de Vietnam interpretado por los notables Gary Sinise y Ed Harris, respectivamente.

Kidman, a pesar de que cumple, se hace imposible (por su deslumbrante belleza) ubicarla como una mujer ruda, hedionda a rancho, de boca muy sucia y emocionalmente dañada por su dolorosa experiencia de vida. Aún más imaginación se necesita para creer que Hopkins es afroamericano, aunque para ser justos, ese desafío lo plasma Roth en su novela.

Sumando y restando la pelicula cumple. Todo gracias a la inspiración en la novela, que plasma en forma magistral una transversal decadencia, intolerancia e incomprensión de la sociedad estadounidense.

Coleman Silk, es un veterano profesor que ha construido su vida sobre el engaño, un tipo que a uno le es difícil de encasillar. Víctima de las exigencias sociales y de sus propios errores, se enrola en una relación escandalosa por la diferencia de edad …y condición social… con Faunia. La pareja es apuntada con el dedo y para colmo perseguida por el ex de Faunia, un veterano de Vietnam tan tocado como Rambo.

Las acciones no son muchas, por el contrario, las reflexiones llueven.

Panic in the Streets

TITULO ORIGINAL:Panic in the Streets
AÑO:1950
DURACIÓN:93 min.
PAÍS: EEUU
DIRECTOR:Elia Kazan
GUIÓN:Richard Murphy (Argumento: Edna Anhalt & Edward Anhalt)
MÚSICA: Alfred Newman
FOTOGRAFÍA:Joseph MacDonald (B&W)
REPARTO:Richard Widmark, Paul Douglas, Jack Palance, Barbara Bel Gedes, Zero Mostel, Alexis Minoti
PRODUCTORA:20th Century Fox


De haber sabido que Panic in the Streets estaba dirigido ante el ojo delator de Elia Kazan, probablemente no habría puesto play, pero la película ya estaba en mis manos y no podía rechazarme a la oferta de ver a Jack Palance y Richard Widmark dentro de la pantalla. Dos tipos duros, que atravesaron el siglo xx inmortalizando en el celuloide a intratables bandidos, pistoleros del oeste e incluso, más recientemente a abuelos de pasado “oscuro”.

Panic in the Streets adquiere un notable ritmo narrativo, que hace crecer minuto a minuto la tensión y el suspenso de un desenlace incierto. Su argumento, que fue reconocido en su momento con un Oscar de la Academia , incluso hoy, a casi sesenta años de su estreno, sorprende por su originalidad y hacen de Panic in the Streets una película accesible para todo amante del cine.
La cinta está ambientada en el bajo pueblo de New Orleans de los años cincuentas. Restaurantes de mala muerte, cantinas atestadas de marineros, estaciones ferroviarias e inmundos cités “empapelan” una clásica persecución policial. Salvo por el sabroso ingrediente de la peste negra.

Blackie(Palance) y sus compinches matan a un miserable polizón, por abandonar el poker luego de ganar mucho dinero. El cadáver es analizado por el tanatologo que descubre la peste. De inmediato el Doctor Clint Reed(Widmark) del Servicio de Salud Pública y el capitán de policía Tom Warren, interpretado notablemente por el gran Paul Douglas, salen en busca de todo aquel que haya tenido contacto con el enfermo. Poco a poco, la emergencia sanitaria toma ribetes policiales y nuestros “jovencitos” toman el oscuro sendero que les llevará a la banda de Blackie.

No puedo dejar esta nota sin destacar la gran actuación de Jack Palance. Es sin duda el malo más MALO del cine de todos los tiempos. Papeles que él denominaba como “pura basura”. Ese rostro calavérico e irónico probablemente le dio problemas con las mujeres, pero no en el cine. Un Monstruo!

Primavera, verano, otoño, invierno...y primavera

Dirección y guión: Kim Ki-duk.
Países: Corea del Sur y Alemania.
Año: 2003.
Duración: 103 min.
Género: Drama.
Interpretación: Oh Young-soo (Monje viejo), Kim Jong-ho (Niño monje), Seo Jae-kyung (Chico monje), Kim Young-min (Joven monje), Kim Ki-duk (Monje adulto), Ha Yeo-jin (Chica), Kim Jung-young (Madre de la chica), Ji Dae-Han (Detective Ji), Choi Min (Choi).
Producción: Lee Seung-jae y Karl Baumgartner.
Música: Bark Jee-woong.
Fotografía: Baek Dong-hyun.
Montaje: Kim Ki-duk.
Dirección artística: Oh Sang-man.
Vestuario: Kim Min-hee.
Estreno en Corea del Sur: 19 Septiembre 2003.
Estreno en España: 10 Septiembre 2004.

Difícil es, tener plena conciencia, que no solo habitamos la naturaleza, sino que somos parte de ella. De un cosmos que obedece las grandes leyes de la vida y la muerte, del día y la noche, de la primavera, el verano, otoño, invierno y el continuo renacer del nuevo ciclo. Es la propuesta de esta maravillosa cinta de Kim Ki-Duk que nos presenta la relación de un maestro y su aprendiz a lo largo de cuatro significativos capítulos en sus vidas, representados en las estaciones de la naturaleza.

El error, el castigo, el dolor y el placer los encontramos como la huella natural de un camino de vida, como eslabones de una cadena de aprendizaje empírico, que incluso afecta la formación de un maestro budista.

La infantil travesura de amarrar piedritas a un pez, a una rana y a una serpiente por parte del pequeño Kim, es sancionada por el maestro de la misma manera. El pequeño tendrá que liberar de sus ataduras a los pequeños habitantes del bosque, arrastrando por si mismo, una pesada piedra que el maestro amarró en su espalda. Junto con el castigo, el maestro le asegura que si cualquiera de las criaturas muere "él llevará la piedra en su corazón para el resto de su vida".
Aquella dolorosa lección marcará la vida de Kim, quien no solo arrastrará una piedra en su corazón por aquella travesura, sino también por errores futuros mucho más graves.

Cuántas veces hemos cometido un error, grande o pequeño y hemos buscado el castigo, como imperiosa necesidad de ser sanados de aquella mala acción, dejando en los demás aquella tarea de limpieza espiritual. ¿Cuántas piedras arrastramos en nuestro corazón? Quizás muchas de ellas recibieron un castigo, un repudio o el perdón, pero éste no solo lo debemos a quienes hemos dañado, sino también a nosotros mismos y es aquella sincera acción, la que abre las puertas al verdadero aprendizaje.

Duel (El diablo sobre ruedas)

País: USA.
TITULO ORIGINAL:Duel (TV)
AÑO:1971
DURACIÓN:91 min.
DIRECTOR:Steven Spielberg
GUIÓN:Richard Matheson
MÚSICA:Billy Goldenberg
FOTOGRAFÍA:Jack Marta

REPARTO:Dennis Weaver, Tim Herbert, Lou Frizzell, Jacqueline Scott, Eddie Firestone, Lucille Benson, Gene Dynarski
PRODUCTORA:Universal Pictures

Esta es de aquellas películas que recuerdo en cine de trasnoche, cortada por millones de minutos de publicidad ochentera, que no consiguieron descuartizar una obra maestra. Recordarla no era difícil, no se puede buscar más argumento que el de un tipo perseguido por un camión asesino en medio del desierto californiano. Pues bien, resulta ser “Duel” o “El diablo sobre ruedas” para el habla hispana y aunque nunca me han gustado estas traducciones, que muchas veces resultan ser patéticas, en este caso se ajusta como anillo al dedo al film.
La cinta realizada como telefilme para la ABC, es una de las primeras producciones de Steven Spielberg y una de las más valoradas. De inmediato quedan plasmados los condimentos que el director estadounidense utilizaría en su carrera y que, en cierto modo, dir
igiría el cine durante las siguientes décadas.


No es mucho lo que se puede decir de esta película. David Mann (Dennis Weaver) viaja en una de aquellas carreteras olvidadas en medio del desierto californiano, rodeado de cerros con espinos, bolitas de paja, viejos postes de luz, mucho calor y detras de un toxico camión que comienza a amedrentar su tranquilo viaje.
No hay explicación para aquella obsesión asesina, tam
poco muchos medios para librarse en la mitad del desierto, de un astuto psicópata. Sin ayuda, sin contacto con el exterior, Mann tendrá que luchar con sus propios medios para poder librarse de un verdadero monstruo al volante de un oxidado camión.

Cuenta el mito, que Richard Matheson (autor del relato que inspiró la película) junto a un amigo, fueron acosados por un loco camionero en la mitad del desierto, lo que le inspiró a escribir el guion de Duel. La cinta fue presentada originalmente para la televisión con una duración de 71 minutos, pero debido a su éxito, Spielberg debió grabar nuevas escenas para poder llevarla a las salas de cine.


Sin duda cuando la vean, dirán “hey! De aquí sacó Tiburón…y de acá Encuentros en la tercera fase”, pues así es, incluso muchos directores usaron en el futuro a Duel como molde para sus producciones. Una verdadera joyita, al igual que el camión oxidado que un friki de St Louis lo compró, lo conserva y fotografía en mitad del desierto, quizás, en busca de su próxima victima.
He aqui:

Sleuth (La Huella) 2007


Dirección: Kenneth Branagh.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 86 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Michael Caine (Andrew Wyke), Jude Law (Milo Tindle).
Guión: Harold Pinter; adaptación de la obra de Anthony Shaffer.
Producción: Jude Law, Simon Halfon, Tom Sternberg, Marion Pilowsky, Kenneth Branagh y Simon Moseley.
Música: Patrick Doyle.
Fotografía: Haris Zambarloukos.
Montaje: Neil Farrell.
Diseño de producción: Tim Harvey.


“El camino más corto al corazón de un hombre, es la humillación.” Así justifica Andrew Wyke(Michael Caine) el macabro juego que lo enfrenta al joven Milo Tindle(Jude Law). Un enfrentamiento escasamente armado, de innecesaria fuerza física, centrado en un reto sicológico de la más aguda estrategia mental.
Wyke es un millonario y afamado director de novelas policiales, que decide invitar cordialmente al amante de su esposa, el joven Milo Tindle, a su lujosa mansión. La inglesa cortesía no logra tapar el indeseable contacto entre ambos, que en cada frase, cada pensamiento buscan humillar o desacreditar al otro. Tindle, un desempleado actor intenta conseguir a toda costa que el esposo de su amante le entregue el divorcio y despeje el camino para su enamorada aventura, sin embargo Wyke le hace ver quien realmente se puede convertir en su futura esposa. Una mujer refinada, amante del lujo, gustosa de vestir los más costosos vestidos y joyas, algo que un joven como Tindle está incapacitado de ofrecer. Sin embargo, el millonario escritor le ofrece participar de un robo. Sacar desde su mansión unas valiosas joyas, cobrarlas en el extranjero y así ambos ganar del acuerdo: Tindle obtendrá el dinero para su empresa amorosa y Wyke cobrará el seguro del falso robo.
La cinta es un remake del film homónimo dirigido por Joseph L. Mankiewicz en 1972. Un verdadero clásico defendido a ultranza por los amantes del cine ante esta nueva versión. Un remake siempre va a aportar a la historia, refrescando las cintas primerizas o igualando, e incluso mejorando su representación. En el caso de Sleuth, ha servido para desempolvar una cinta magistral que enfrenta al destacadísimo Sir Laurence Olivier y al por entonces joven Michael Caine interpretando el papel de Milo Tindle.
Pero Sleuth 2007 tiene mucho que decir, mucho que aportar. Con la colaboración de Harold Pinter, se actualizan los diálogos, que en definitiva es el verdadero protagonista de la obra. Cada palabra, cada frase desenmascaran las similitudes y diferencias de ambos personajes. La diferencia de clases, denotada en las experiencias expuestas, las raíces familiares y la educación que cada uno carga. Por un lado un millonario rebosado de lujos, inserto en su propio mundo narcisista que le brinda en placeres, pero le distancia en humanidad, en compañía. Por otro lado un joven inocente, genio por momentos, hijo de emigrantes de difícil vida y pasar, se ve constantemente tentado por el placer y el dinero, buscando en éste la solución a sus problemas y el paso a la felicidad. Creencia errada, que sin darse cuenta, se desmorona con solo tener frente a sus ojos a su perspicaz antagonista.

El Séptimo Sello (Det sjunde inseglet)

Dirección: Ingmar Bergman.
País: Suecia.
Año: 1957.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Interpretación: Max von Sydow, Gunnar Björnstrand, Nils Poppe, Bibi Andersson, Bengt Ekerot, Gunnel Lindblom, Maud Hansson, Ake Fridell
Adler,Irving Block.
Producción: Svensk Filmindustri.
Música: Erik Nordgren.



Muchos guardan verdadera devoción a esta cinta. Ingmar Bergman a la cabeza. Pertenece a las 45 películas que todo buen cristiano debe ver s
egún el Vaticano.Contiene una de las escenas más impresionantes del celuloide: La Muerte jugando ajedrez con el protagonista en una desolada playa sueca. Muchos la ven y la vuelven a ver encontrado las nuevas lecturas que el descuido había hecho presa y efectivamente, una vez vista, el Séptimo Sello resulta encantadora e inquietante.

Llena de alegorías y sublecturas la película se ambienta en el ocaso de las Cruzadas, cuando los caballeros volvían a sus respectivos castillos, luego de haber vivido las mil y una aventuras producto de sus desbocadas empresas semi religiosas. Uno de ellos Antonius Block(Max Von Sydow) y su escudero (Gunnar Björnstrand) regresan heridos de aquellas lejanas tierras a su natal Suecia. Más que físicamente, aquellos guerreros vuelven heridos en su espíritu, decepcionados de aquel romanticismo ingenuo que los llevó a batallar y curtidos del dolor, el horror y la desesperanza. Es por ello que Antonius, al ver llegar la muerte, la recibe sin lamentos, valiente y seguro de poder ganarle una partida de ajedrez. El precio: su vida.

Antonius solo juega para alargar lo inevitable, pero es justamente en aquel tiempo en que busca encontrar de boca de la muerte aquellas preguntas existenciales que todo ser humano algún día se ha de plantear. Nuestra razón de vivir, que hay más allá de la vida y si Dios realmente existe.
Aquellas preguntas cada minuto atormentan más al desgastado caballero, que deambula con su escudero por una tierra azotada por la peste bubónica. Sus escalas sirven para continuar la mortal partida de ajedrez y seguir acrecentando las dudas y tormentos de Antonius. Por el contrario, su escudero es su verdadera antítesis. Un hombre completamente terrenal, que vive el día a día y aunque sabe que la muerte anda cerca, tan solo espera que llegue lo que tenga que llegar.

Bergman nos presenta la muerte como algo misterioso e inevitable. Que puede presentarse mágicamente jugando ajedrez o burdamente como cortando el tronco de un árbol para echar abajo un “licencioso” juglar. Es la muerte terrenal. Una muerte negra y fría que es más humana que divina. No sabe, o no entrega las respuestas que anhelamos, tan solo nos recuerda que nuestro paso por aquí tiene un final.

Una de las más bellas y bien logradas escenas de la cinta, es el baile de la muerte. Por una colina lleva consigo a nobles y plebeyos, viejos y niños, hombres y mujeres. Sin distinciones, sin ninguno de sus bienes, y sin las respuesta a aquellas preguntas elementales, danzando por la colina hacia lo desconocido.

Forbidden Planet (El planeta prohibido)

Dirección: Fred McLeod Wilcox.
País: USA.
Año: 1956.
Duración: 106 min.
Género: Ciencia Ficción.
Interpretación: Anne Francis, Leslie Nielsen, Walter Pidgeon y Warren Stevens.
Guión: Cyril Hume,Allen
Adler,Irving Block.
Producción: Nicholas Nayfack.
Música: Louis y Bebe Barron.



Mientras retrocedimos en el tiempo de la ciencia ficción, podemos llegar al año 1956 y encontrar un verdadero Big Bang cinematográfico. Forbidden Planet es una auténtica joya del cine y un efectivo molde para muchísimas producciones como Viaje a las Estrellas (Star Trek), La dimensión desconocida (The Twilight Zone), perdidos en el espacio (Lost in Space) e incluso la actual y exitosa serie de televisión Perdidos (Lost).

La cinta desde el primer momento engancha gracias a sus cuidados efectos especiales, su música “espacial” y un jovencito Leslie Nielsen a casi cuarenta años de su racha de burdas comedias “Y donde está el policía?”.La cinta se inscribe en una moda cinematográfica de los cincuentas donde predominaban los ovnis, viajes espaciales, mundos lejanos, insectos y plantas mutantes y un sinfín de escenarios resultantes del buen y mal uso de la ciencia. Algo ciertamente comprensible, ya que estaban a pocos años de las dos bombas atómicas, y en medio de los primeros satélites y sondas interplanetarias. Sin embargo, Forbidden Planet, se despega de aquellas cintas “mata marcianos” gracias a un buen y cuidado trabajo. Los efectos espaciales resultan muy aceptables, gracias a los dibujantes de Disney que apoyaron en la producción, en especial el fabuloso aterrizaje de la nave C57D en las arenas de Altair IV y el paseo de Morbius y Adams por las instalaciones Krell.

El argumento se sostiene bien gracias a su inspiración en La Tempestad de William Shakespeare. Un equipo militar llega a Altair IV bajo las ordenes de rescatar un asentamiento humano enviado hace ya largos años, sin embargo, se encuentran con los dos últimos sobrevivientes, el doctor Morbius y su hija que se rehúsan a abandonar el planeta ya que han encontrado las ruinas de una antigua civilización llamada Krell. Estas ruinas altamente avanzadas en tecnología entregan grandes comodidades al científico y su hija y una ventana a límites insospechados en el conocimiento de la mente. Los cuales investiga a diario.
Obviamente al enterarse el comandante de la tripulación de aquellos avances distantes e insospechados para la humanidad, decide informar a la Tierra lo que desata el conflicto científico-militar muy en boga por aquellos años. La utilización de la ciencia por el bien de la humanidad o para la creación de armas cada día más avanzadas y mortales.

Así como en la obra de Shakespeare, donde Prospero renuncia a sus avanzados conocimientos de magia, que solo le han traído sufrimiento, para reincorporarse a la civilización. Morbius y el comandante Adams renuncian al tesoro arqueológico de los Krell, de un potencial infinito en conocimientos científicos, pero al más alto costo para la humanidad y es justamente éste el mensaje final de la cinta. Un mensaje de alerta ante el vertiginoso reclutamiento de conocimientos y tecnologías que día a día, década tras década, como la espada de Damocles, cuelga sobre nuestras cabezas.